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jueves, 4 de enero de 2018

Los votantes no perdonan a los tacaños

En algún lugar de la Selva Negra alemana
 
Antes de nada habrá que diferenciar entre el significado de austero y el de tacaño; austero según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es aquello que es sencillo y sin alardes ni adornos superfluos y en referencia a una persona austero/a es aquel/la que es estricto/a en el cumplimiento de las normas morales; sin embargo la persona tacaña es aquella que se resiste o se muestra reacia a dar o gastar.

He titulado esta entrada "Los votantes no perdonan a los tacaños" porque eso era lo que pasaba en la Roma antigua y me lo ha recordado mi paseo de hace unos días por el centro de la Ciudad. En aquel tiempo, los ediles de la ciudad tenían que hacer frente a sus gastos de candidatura y, suponiendo que la ganaran, durante un año al menos tenían que mantenerse por sus propios medios en el cargo reparando los edificios públicos y organizando dos juegos oficiales; acaba este texto entresacado de la novela Imperium de Robert Harris, diciendo que los ediles no podían permitirse el lujo de escatimar gastos en estas tareas porque los votantes no perdonaban a los tacaños.

Todo esto al hilo de la lamentable iluminación y puesta en escena de la Navidad en el centro de la Ciudad. El Gobierno de Zaragoza en Común es muy proclive a compararse en relación al uso de la bicicleta u otras envidiables costumbres con las capitales centroeuropeas y yo me pregunto ¿por qué no nos comparamos con esas mismas capitales a la hora de engalanar nuestras cascos históricos en Navidad? No hace falta dar ejemplos concretos, hay cientos de ciudades del tamaño y la categoría de Zaragoza qué son focos de atracción turística con la Navidad como reclamo.

El Gobierno de Zaragoza no va por ahí, es más, va en la dirección contraria: la iluminación de las calles más céntricas es lamentable, la de la Plaza del Pilar vergonzosa y el ambiente general triste y aburrido (menos mal que al menos no ha hecho mal tiempo). Sin molestar al entorno creo que se podría haber hecho mucho más en términos de iluminación y sonido, los que estos días hemos visitado la Plaza del Pilar caminábamos como autómatas sin ser capaces de diferenciar los puestos de venta de artesanía de los que hay cualquier otro día festivo en la ciudad. Un Belén mal iluminado y silente al igual que la noria o los "eco-ponis" no ayudaban a entrar en ambiente.

Podríamos asimilar la pista de hielo y el tobogán gigante con la Navidad pero es ser muy generoso con la imaginación colectiva.

En definitiva un espectáculo apagado que precisa de una urgente revisión antes de entrar en una espiral que, por este camino, lo llevaría a la completa desaparición; esperemos que en 2019 cambien radicalmente las cosas.

Calle Alfonso I Zaragoza

 
Plaza del Pilar Zaragoza
Zaragoza. Enero de 2018