Buscar este blog

sábado, 28 de mayo de 2016

¡Qué le den al IBI!





El Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza que tuvo lugar ayer, fue extraño, en ocasiones tenso y en otras muy tenso.

Una gran parte del mismo discurrió por las tierras del insulto, prueba de ello es que se escucharon muchas voces de los que se consideraban objetos de faltas de respeto en lo personal. No seré yo quien diga que todo vale en el debate político, pero en ocasiones nuestros políticos hacen gala de una piel tan fina que contrasta con la coraza y afilados espolones que lucen cuando dicta la ocasión.

Sorprende también que haya quien pueda hacer gala de sus méritos, en términos de paseos por los juzgados como demandado o sentencias condenatorias, en la casa que garantiza derechos y libertades del conjunto de los zaragozanos.

Tampoco resulta fácil de asimilar que puedan llegar a entenderse partes que enarbolan la bandera del cumplimiento a rajatabla de los reglamentos internos, con otras que, literalmente, opinan: "¡qué le den a la regla de gasto!", vaya que dicho de otra forma significa: "¡qué le den a la Ley de Estabilidad Presupuestaria!".

Si a este espectáculo, añadimos la lejanía de algunas de los propuestas de los grupos políticos, que parecen más preocupados por cuestiones para los que las competencias municipales quedan a gran distancia, léase en este caso las reformas constitucionales, los tratados de libre comercio, etc., es fácil entender el creciente desapego del ciudadano con la política en general y con la municipal en particular.

Se hace preciso reflexionar sobre estas cuestiones, cualquier día alguien puede pensar que la misma "patente de corso" que parecen lucir algunos concejales puede ser válida para sí mismo y presentarse ante el Registro Municipal con una carta al Sr. Alcalde que diga: "¡qué le den al IBI!". Veremos entonces como se pagan las nóminas de los funcionarios, los compromisos con los proveedores, los proyectos sociales o los productos de tocador de alcaldía.

Zaragoza. Mayo de 2016

domingo, 15 de mayo de 2016

La paella participativa





Definir y llevar a término unos presupuestos participativos a nivel ciudad o Junta Municipal es, salvando las distancias, como preparar una paella valenciana: ¿cuál es el ritmo de cocción sobre leña? ¿admitimos solamente cucharas de madera? ¿tamaño del grano de arroz? ¿más pollo que conejo? ¿guisantes? y así un largo etcétera de opiniones y sentencias más o menos alejadas del más estricto purismo a la hora de hacer la paella.

Con los presupuestos participativos pasa algo parecido, se trabaja en una línea muy básica: se reserva una cantidad de dinero de los presupuestos que se pone a disposición de los ciudadanos para que estos decidan, entre una serie de proyectos presentados, cuales se hacen merecedores a ese dinero. Hasta aquí parece todo extraordinariamente sencillo, pero la mecánica se complica conforme se pretende entrar a detalle.

El arroz: Lo más básico en nuestra paella se asocia a los más básico de un presupuesto participativo: ¿de cuánto dinero disponemos? ¿del total del disponible por una Junta Municipal, por poner un ejemplo, o sólo de una parte? ¿De qué parte en tal caso? ¿Quién decide este importe?
El fuego: La cocción de la paella alrededor del fuego es una de los momentos con mayor carga social, algo próximo a una celebración al calor de la leña. Un buen presupuesto participativo debe estar dotado de una comisión de control que debe velar por la adecuación de los proyectos presentados al objeto de la iniciativa general, a saber, fomentar la participación. Debe verificar que los proyectos cumplan los requisitos para que su opción sea cierta, que se respetan los tiempos, etc. Pero... ¿quién elige esa comisión? ¿Cómo se gestiona y con qué criterios se toman unas u otras decisiones?

Con cuchara: Los puristas defienden comer la paella con cuchara. En unos presupuestos participativos ¿quién puede participar? Del lado de los proyectos ¿se admite cualquier proyecto cuyo beneficio (social, cultural, deportivo, etc.) revierta en el barrio/ciudad, independientemente de que sea presentado por colectivos del mismo u otro barrio/ciudad?

La carne: Pollo y conejo. Una de las piezas fundamentales de toda paella. Trasladado a los presupuestos participativos, ¿quién y cómo se toma la decisión acerca del reparto del dinero disponible entre los proyectos presentados? En todos los casos se pretende que la decisión última esté en manos de los vecinos afectados, sin embargo el modelo es diferente: participación directa, participación a través de asociaciones (¿qué asociaciones?), peso diferente del "voto" en función de diferentes variables, etc.

La verdura: Otra pieza básica que admite, salvo opinión en contra de los puristas, diferentes variaciones. En un proceso de presupuestación participativa es lógico que el importe de los proyectos presentados sea superior al capital disponible: ¿se reparte todo el dinero entre los más valorados, caso de que el sistema de selección lo haya previsto? ¿Se reducen todos o sólo algunos de forma lineal y con objeto de que se acepten un mayor número de proyectos?

Condimentos adicionales: La receta secreta del chef. En cualquier debate sobre el particular, aparecen decenas de preguntas de imposible respuesta, salvo que se opte por la vía de no regular en exceso: ¿qué pasa si se reducen los importes y los proyectos no son viables? ¿Cómo impedir que las asociaciones movilicen a sus asociados para decantar el voto en su beneficio (caso de qué el voto directo esté permitido)? ¿Cómo impedir la picaresca del inflado económico de los proyectos? ¿Cómo hacer llegar la información y las bases a todos los implicados en el proceso? etc.

En definitiva, nunca encontraremos una paella valenciana óptima, según todos los criterios y eso es lo mismo que pasa con los presupuestos participativos, salvo que se redacten unas bases de consenso amplio y que sirvan en todos los barrios. Se está realizando un esfuerzo en alguno de estos distritos para presentar un modelo de presupuestos participativos acorde a la peculiaridad de cada uno de ellos, pero por contra, este meritorio esfuerzo contribuye a la indisponibilidad de un modelo aplicable en todos los casos, que lógicamente sería lo deseable.

No por mucho madrugar amanece más temprano, no por trabajar presupuestos participativos de forma anárquica se contribuye a acercar la política al ciudadano; la experiencia puede ser válida para extraer conclusiones y la más evidente es que los presupuestos participativos son y deben seguir siendo un eje fundamental de la política más próxima al ciudadano pero, por la misma razón, debe hacerse con un punto más de orden.

¡Por Dios, no le eches más sal a la paella!

Zaragoza. Mayo de 2016