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viernes, 14 de abril de 2017

Casa Rural el Tranvía





Marcelo y Juan eran amigos desde hace tiempo, todo lo amigos que se puede ser en un pueblo en el que por unas lindes podía correr sangre. Por esto, cuando un día en el Teleclub, Juan le comentó a su amigo su idea, enseguida se pusieron de acuerdo: "Una casa rural en el pueblo". Juan, con el brillo en sus ojos, no paraba de encontrar beneficios y ventajas, "...atraeremos mucho turismo, daremos empleo a gente del pueblo y seguro que conseguiremos que la Diputación Provincial nos arregle la carretera comarcal". Después del tercer brindis con el peleón vino de la casa, Juan le espeto a Marcelo: "...pero...me tendrás que echar una mano con las perras, a mí no me da para tanto", "cuenta con ello" le respondió Marcelo y allí mismo en una servilleta de papel firmaron ambos algo parecido a "Por la Casa Rural, Marcelo pagará como máximo 100.000 euros", también dibujaron una casita; nuevos brindis, ahora con todos los clientes del teleclub que se unían a la fiesta.

Pasaba el tiempo y la "coqueta" casa rural mutaba por momentos a hotel de lujo, Juan no parecía reparar en gastos: promoción, aparcamiento subterráneo, área de Spa y masajes, etc. Tampoco Marcelo estuvo parado durante ese tiempo, así que cuando tuvo problemas con la subvención por el cultivo de chopos, no dudó en pedir ayuda a Juan, que le ayudó sumando sus tierras para que aquel alcanzara la densidad mínima que daba derecho a la ayuda: "Hoy por ti y mañana por mí, además tenemos lo de la casa rural, ¡ya ajustaremos cuentas!", y nuevamente fueron al Teleclub a celebrar el acuerdo.

Por aquel tiempo sucedió algo que, a la postre, sería relevante. Ambos amigos se casaron con sendas mujeres del pueblo, conocidas entre ellas, aunque no se podría decir que amigas. La fiesta duró todo el fin de semana y allí se brindó por la casa rural, por el pueblo, por el turismo, por los chopos, por la carretera y ¡hasta por los novios!

Transcurridos unos pocos años la casa rural estaba plenamente operativa, se podría decir que era todo un éxito puesto que las plazas estaban reservadas para los siguientes meses. Sin embargo, los gastos eran también elevados y el resultado era negativo mes tras mes. La esposa de Juan reprendía frecuentemente a su marido por no exigir el compromiso de Marcelo, que sólo había pagado una parte de los 100.000 euros acordados. Juan, a regañadientes, se citó en el Teleclub con Marcelo y le pasó la factura. Esta vez no hubo brindis.

Cuando Marcelo llegó a su casa, comentó a su esposa lo que había pasado. Tampoco ellos estaban pasando una situación económica especialmente boyante, la subvención de los chopos no era suficiente y los ahorros se acababan, así que Martirio, que así se llamaba ella dijo a su esposo: "...pero, ¿no os habíais comprometido por una casa rural? Tu amigo ha construido un hotel de cuatro estrellas y ahora pretende que se lo pagues tú". Martirio comprobó que las casa rurales de la comarca que se habían construido en los últimos años no pasaban de los 50.000 euros, y además generaban beneficios, por no hablar de lo poco que había significado la ayuda de Juan en el asunto de la subvención.

Nuevamente se citaron los amigos en el bar, uno, Juan, con la factura que reclamaba los 100.000 euros amparada en el contenido de una caja de zapatos llena de otras facturas de albañiles, fontaneros, arquitectos, etc. y que en un lateral y escrito en un Post It decía "Total facturas Casa Rural 450.000 euros" y otro, Marcelo, que traía la primera servilleta, soporte del acuerdo inicial y en la que se podía intuir lo que era un plano de la casa rural: una casita sencilla con una planta y cuatro ventanas en el frontal. También traía Marcelo una foto de la construcción actual: tres plantas, aparcamiento subterráneo, mini golf, spa, etc.

No se han vuelto a ver más, están dejando pasar el tiempo pero son conscientes de que tarde o temprano la servilleta y la caja de zapatos acabarán en el despacho de algún juez

Afortunadamente la casa rural, u hotel de lujo según quien se refiera a ella, funciona razonablemente bien, ha generado el empleo esperado y ha atraído turismo, turismo que hace uso de la carretera recién asfaltada y que desde varios kilómetros pueden ver el luminoso "Casa Rural el Tranvía".

Zaragoza. Abril 2017

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