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viernes, 1 de septiembre de 2017

(Las NO) Matemáticas en la España del XVIII y XIX


La ciencia matemática nada nos debe: no es nuestra; no hay en ella nombre alguno que labios castellanos puedan pronunciar sin esfuerzo”. José de Echegaray

La influencia de los matemáticos españoles durante este periodo fue prácticamente nula. Esta ausencia se extiende a todas las matemáticas. Como el verano da para mucho y con el ánimo de mostrar la realidad académica de nuestro país a lo largo de estos más de 200 años de historia, incluyo de manera textual varios párrafos del discurso de ingreso de José Echegaray en la Academia de Ciencias el 11 de Marzo de 1866.

En dicho discurso Echegaray se ocupa de la historia de las matemáticas puras en España, entendiendo por matemáticas puras la ciencia eminentemente racional, es decir, no teniendo en cuenta “ni la física ni la Astronomía, ni todas aquellas que, si bien acuden al análisis algebraico ó geométrico como a poderoso auxiliar, son por su naturaleza, y por el carácter de los fenómenos que estudian, verdaderas ciencias de observación.”

Sobre el siglo XVII, al que Echegaray denomina “siglo de gigantes” hace un detallado comentario de todos aquellos grandes matemáticos que han aportado su “granito de arena” de una u otra manera. Entre estos cita a los siguientes:

En Italia Ricci, Valerio, Caravagio, Marchetti, Borelli, Mengoli, Torricelli, Viviani, y el Cavallieri.
En Flandes Hudde.
En Holanda Huygens.
En Bélgica Sluze y Gregorio de San Vicente.
En Suiza los Bernoulli.
En Dinamarca Roemer.
En Francia Guldin, Roberbal, Desargues, Bachet de Meziriac, Fermat, Pascal, Rolle, el Marqués de I'Hopital, Varignon y Descartes.
En Alemania Kepler, Byrge, Tschirnhausen, Mercator, Kauffmann y Leibniz.
En Inglaterra Anderson, Harriot, Neper, Briggs, Gregori, Neil Oughtred, Wren, Barrow, Brouncker, Wallis y Newton

Con respecto a España sus palabras son las siguientes:

Gran siglo, sí, para Europa el siglo XVII; mas ¿qué ha sido para nuestra España? ¿Qué descubrimiento analítico, que verdad geométrica, que nueva teoría lleva nombre español? ¿Quiénes los rivales de Viete, de Fermat, de Pascal, de Descartes, de Harriot, de Barrow, de Brouncker, de Wallis, de Newton, de Huygens, de Gregorio de San Vicente, de Leibniz, de los Bernoulli? Yo los busco con ansia en los anales de la ciencia, y no los encuentro; paso impaciente de una a otra historia por si hallo al fin, en alguna, reparación al desdeñoso e irritante olvido en que todas nos dejan; y en todas ellas, bien se echa de ver la nacionalidad del escritor por las cariñosas predilecciones que a sus compatriotas muestra, aparecen los nombres de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Flandes y Holanda, y en todas se paga tributo de respeto y admiración a los grandes geómetras; pero en ninguna encuentro a nuestra España. Y cierro con enojo historias extranjeras y a historias nacionales acudo, esperando siempre hallar lo que jamás por desdicha encuentro.

Abro la Biblioteca hispana, de don Nicolás Antonio, y en el índice de los dos últimos tomos, que comprenden del año 1500 al 1700 próximamente, tras muchas hojas llenas de títulos de libros teológicos y de místicas disertaciones sobre casos de conciencia, hallo al fin una página, una sólo, y página menguada, que a tener vida, de vergüenza se enrojecería, como de vergüenza y de despecho se enrojece la frente del que, murmurando todavía los nombres de Fermat, de Descartes, de Newton, de Leibniz, busca allí algo grande que admirar, y sólo halla libros de cuentas y geometrías de sastres.

Cuánto me duele, señores, pronunciar frases tan duras, no hay para que encarecerlo, que todos los que me oigan lo comprenderán por la penosa impresión que en ellos causen; mas la verdad nunca debe ocultarse, y si alguna vez arranca al alma un grito de dolor, ¿qué importa? Es el enrojecido hierro que muerde en la sangrienta llaga, es el provechoso dolor del cauterio purificador de vieja podredumbre. Si en el siglo XVII no hemos tenido grandes geómetras, causa sin duda habrá para ello, y nos importa investigar cuál puede ser, para prevenir en lo futuro males que todos debemos deplorar; no es, sin embargo, mi ánimo escudriñaría hoy, porque estudio sería éste que me llevaría demasiado lejos, pues tal vez en ciencias muy distintas de aquellas a que esta Academia consagra sus tareas, habría de buscarse la solución de este importante fenómeno histórico.”

He aquí, señores, cuanto de la historia de las matemáticas en España durante el siglo XVII puedo decir; mas antes de pasar al siglo XVIII debo, a fuer de imparcial, citar aquí un nombre, pero uno sólo, nombre ilustre, más que por sus obras desgraciadamente incompletas, por el verdadero y profundo talento que revelan. Me refiero al geómetra sanlucarense Hugo Omerique1, que publicó en 1689 la primera parte de una obra de análisis geométrico, y que mereció, ¡gloria envidiable!, las alabanzas del gran Newton. La segunda parte de este libro no llegó a publicarse, la historia del geómetra andaluz me es absolutamente desconocida, y su nombre, que brilla un punto, desaparece bien pronto, cosa natural en aquellos calamitosos tiempos de Carlos II.”

Del siglo XVIII, Echegaray, cita agrupados por nacionalidades, como en el caso anterior, a los siguientes matemáticos:

En Inglaterra, Taylor, Mac-Laurin, Cotes, Simpson, Landen, Stirling, Campbell, Waring, Halley, Fatio, Moívre, aunque francés de nacimiento.
En Italia, Grandi, Ricati, Fagnani, Mascherohi, Manfredi y Lagrange.
En Francia, La Hire, Vandermonde, Clairaut, Varignon, Fontaine, Rolle, el célebre Monge, Bezout, D'Alembert y Laplace.
En Alemania, Goldbach, Cramer, Herman, Walfio y Euler.

Posteriormente, y en referencia a España durante el siglo XVIII, Echegaray dice:

Otro siglo más de gloria para Europa, otro más de silencio y abatimiento para nuestra España. Cierto es, señores, que en las ciencias aplicadas, en las que como la mecánica, la astronomía, la geodesia, la navegación, son las matemáticas puras, auxiliar poderosísimo, y tanto que hasta se designan aquellas con el nombre de matemáticas aplicadas ó mixtas, hay dos nombres ilustres y de reputación europea que yo debo recordar hoy, siquiera por dar un rayo de luz a cuadro tan sombrío: son éstos don Antonio Ulloa y el insigne don Jorge Juan.

Yo reconozco el profundo saber de ambos marinos, y aprecio en lo que valen sus interesantes trabajos geodésicos; yo sé que la célebre obra del último, titulada “Examen marítimo teórico práctico”, obra verdaderamente clásica, ha sido única en Europa por muchos años, y ha recibido el honor de ser traducida y comentada en varias lenguas.

Yo pronuncio con orgullo, con legítimo orgullo, el nombre de don Jorge Juan, y admiro, en fin, esta magnífica figura, honra y prez del ilustre cuerpo de Marina. Al nombre de estos dos insignes varones debo unir aún en este respetuoso recuerdo otro más: el de don Gabriel de Ciscar.”

Finalmente, y en relación al siglo XIX, Echegaray concluye:

Y no he tenido que referir la historia de las matemáticas, allá, para probar que no la hay aquí, y para probarlo, señores, con la elocuente voz de los hechos, demostración ruda pero firmísima, contra la cual se estrellan impotentes, sofismas, alharacas y declaraciones, he necesitado buscar la filiación de cada verdad, el origen de cada teoría, el nacimiento de cada idea, el autor de cada descubrimiento, y después los hombres que desarrollan y perfeccionan aquellos descubrimientos y teorías, formando de esta suerte la ciencia moderna en toda su magnífica riqueza; y he necesitado todo esto para poder decir sin remordimiento y sin temor: la ciencia matemática nada nos debe: no es nuestra; no hay en ella nombre alguno que labios castellanos puedan pronunciar sin esfuerzo.”

¿Algún cambio en el siglo XXI?

Zaragoza. Septiembre 2017

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