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jueves, 22 de marzo de 2018

Facebook es lo que nosotros queremos que sea


Mucho se está hablando estos días sobre Facebook y la privacidad de la información. Aprovecho para hacer una serie de reflexiones en alto:

1.- La información de la que dispone Facebook u otras aplicaciones sobre nosotros, no es ni más ni menos que la que voluntariamente le hemos dado; bien porque introducimos determinados contenidos, visitamos ciertas páginas, etc. o simplemente porque aceptamos cookies en muchas de nuestras visitas virtuales.

2.- Que toda esa información que voluntariamente hemos introducido permita que algoritmos inteligentes sepan más de nosotros que nosotros mismos es únicamente responsabilidad nuestra.

3.- Particularmente que Spotify conozca mejor que yo mis gustos musicales no me desagrada, al contrario, me ofrece nuevas oportunidades y me ahorra tiempo. Lo mismo digo de la oferta de contenidos de Facebook o de otras páginas que hacen uso extensivo de cookies para recordarnos que estamos buscando vuelos baratos u ofertas para comprar un reloj.

4.- Lo que existe en las redes sociales sobre mi propia persona es responsabilidad mía y cualquier persona puede echar un vistazo a mis perfiles para saber bastante de mí: a qué me dedico y cuáles son mis gustos y aficiones. No me importa, de lo contrario, eliminaría mi perfil.

5.- La cuestión importante del caso es que a modo de modernos Hari Seldon (protagonista de la Fundación de Isaac Asimov que utilizaba las matemáticas para predecir el futuro), existen personas o empresas que pueden manejar miles o millones de registros de información para trazar perfiles colectivos muy ajustados a la realidad. Con esos perfiles y nuestra generosa participación pueden influir en nuestros comportamientos y extraer valiosísima información.

6.- Resulta paradójico que todos aborrecemos participar en encuestas para opinar sobre productos o comportamientos, de hecho existen paneles de consumidores donde sus miembros pueden exigir, en función de la dificultad del perfil elegido, hasta 50 euros por participar en estudios. Curiosamente ofrecemos esa información a Facebook, u otros, de forma totalmente desprendida para después rasgarnos las vestiduras por el uso colectivo que se hace de ellas.

7.- Facebook está en condiciones de ofrecer perfiles personales a la carta a cualquier empresa o gobierno, otra cosa es que sea lícito en cualquier país, lo cual desconozco. Sea de una forma u otra, lo ofrecido será ni más ni menos que lo prestado por nuestra parte.

8.- Particularmente el uso que Facebook haga de mi información personal me preocupa más bien poco, de lo contrario no formaría parte de todas estas redes. Envidio esta capacidad para realizar analíticas a escala global con un mínimo de esfuerzo y envidio tener a mi disposición esa gran base de datos a coste cero.

9.- Probablemente este "monstruo devorador de información" pueda representar un grave problema a nivel colectivo si se demuestra su capacidad para influir en asuntos tan relevantes como la elección de un presidente de estado. Será necesario estar atentos a las próximas regulaciones para conocer hasta donde somos capaces de poner coto a la voracidad del monstruo.

10.- Entretanto y a nivel individual, no me preocupa demasiado que Mark Zuckerberg revise mi perfil para saber sobre mi futuro comportamiento, en base a mi conducta anterior en las redes sociales. La permanente conexión con miles de personas justifica la incertidumbre, el día que no lo justifique volveré a la aldea con la esperanza de que mis datos desaparezcan por el sumidero virtual de información.

Zaragoza. Marzo de 2018

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